20080519

Paula Santana, 37 años, antropologa:

“NUNCA SOÑÉ CON SER MADRE”



Por Verónica Torres. • Foto Alejandro Olivares

Nunca soñé con ser madre. A pesar que jugaba con muñecas, mi realización personal no pasaba por ahí. No añoraba la maternidad hasta que a los 23 años quedé embarazada. Era chica y mi familia no festejó. Ellos sabían que yo tenía planes de viajar a México, de moverme, de ser libre. Pero decidí tener mi guagua porque mi pareja de entonces era el amor de mi vida. Ambos éramos antropólogos y nos habíamos conocido estudiando en Valdivia. Yo había terminado mi carrera, podía trabajar y nos fuimos a vivir juntos. Había muchos sueños puestos en esa unión, por eso, la separación fue tan dolorosa. Las cosas no resultaron y decidí irme a Valparaíso con mi hijo. Me gustaba el puerto porque aún existía la vida de barrio. Tenía una casa en el cerro. Me alcanzaba justo para pagar el arriendo y la comida. Fue duro y podría haber sido más fácil si me hubiera ido a vivir a Santiago con mis papás, pero era burra y quería ser independiente
Estaba en eso cuando conocí a un hombre, que se convirtió en mi “amigo-amante” y después de un tiempo quedé embarazada por segunda vez. No le conté a nadie porque tenía rabia conmigo misma. El método nos había fallado. Ocupamos condón, pero no sé si se le corrió, o lo puso mal. Entonces, decidí hacerme un aborto a pesar que mi amigo sí quería tenerlo.



Nuestra relación no era una cuestión seria. Más bien ocasional, de pasarlo bien sin compromisos: no daba para ser padres. Además, a él le habría gustado, pero nunca me dijo “oh, estás pasando sobre mis derechos si somos pareja”. Porque, en el fondo, quien continúa a cargo de ese hijo es una. No basta con la plata mensual. Hay que hacerse cargo de todo lo que viene después. Por eso, tomé mi decisión a conciencia y me enteré que podía hacerme un aborto con sonda. .Ése es un método antiguo y peligroso porque te introducen una sonda en el útero que te llena de aire y te provoca un proceso de parto.
Fue súper cruento. Viajé a otra ciudad para hacerme el aborto, a una población, a la casa de una señora que se supone que era enfermera retirada. Nunca supe su nombre y la dirección tampoco. Ni siquiera recuerdo cómo llegué. Me fueron a buscar a un lugar y me llevaron hasta la casa. Cuando entré estaba la familia de ella, ahí, conversando como un día normal. Entonces, pasé a una pieza de al fondo y la señora me introdujo la sonda. No me dolió tanto, pero era molesto porque era una cuestión delgada que tenía que quedar colgando hacia afuera. Cuando me fui, la señora me dijo que tenía que caminar mucho para que el procedimiento surtiera efecto. Subí y bajé cerros. Empecé a sentir contracciones. Tenía dolores y necesitaba pasar piola, pero mi cara era terrible y decía a todos que estaba con colon irritable hasta que fuimos almorzar a un restaurante y me dieron ganas de ir al baño y ahí cayó la cosa, entonces, tiré la cadena y supe que había resultado. Fue aliviador y me puse feliz porque era lo que estábamos esperando, pero seguía asustada porque no sabía si habían caído todos los restos y me podía dar una infección. Entonces, hablé con la enfermera por teléfono. Hablábamos en clave sin mencionar el procedimiento. Me preguntaba “sientes dolores” y yo le respondía con monosílabos: “sí, no”.
Un día le conté a mi mamá lo que había pasado. No fue drama, a pesar que ella se define como cristiana, me entendió. Lo complicado que viví no pasó por la culpa, por la moralidad, por el cuento del ser vivo, sino porque fue una invasión violenta a mi cuerpo y creo que de ahí deriva el trauma del aborto. Esto de entregar tu vida a manos de alguien a quien apenas conoces; de estar sola y gastando plata que no tienes para nadie es agradable y todas conocemos a alguien que abortó. Por eso, el aborto se tiene que realizar en condiciones óptimas. Aún cuando está instalado que si se liberaliza, todas vamos a abortar porque somos irresponsables, egoístas, desnaturalizadas que no asumimos lo bien que lo pasamos. Prejuicios, puros prejuicios porque no entienden que las mujeres somos criadas para tomar decisiones responsables y si decidimos abortar, lo hacemos ponderando todos los factores. La pregunta es cuándo decido tener el hijo. ¿La sociedad cambia pañales?... Yo no celebro el día de la madre porque es un día publicitario donde salé Bosé hablando de la mujer independiente, que puede ser exitosa, pero que en letra chica dice “feliz día a todas las mujeres que dan vida”. Entonces, ¿qué te queda? Que nuestro valor principal es dar vida, pero nadie reconoce que somos personas íntegras, independiente de nuestra capacidad de tener hijos. Creo que en este país las madres somos súper importantes porque los hombres no están por ningún lado. Somos campeones en la paternidad ausente. Por eso, si vamos a celebrar la maternidad aprovechemos para hablar de todo lo que significa. Y si vamos a quitar la píldora, con la misma fuerza hagamos obligatorio el test de ADN... para que la maternidad no sea tan solitaria, digo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

estoy de acuerdo con todo lo que dices, aqui en Chile se llenan la boca con le defensa a la vida y esas cosas, siendo que la mujer es sumamente discriminada en los trabajos cuando tiene hijos ni que decir cuando se ellos se enferman practicamente te despiden... el hombre no aparece por ninguna parte cuando tienes la guagua, yo pase por un aborto yo elegi no tener esa guagua, ya tenia un hijo y no pensaba tener mas, YO ESTOY POR LA VIDA PERO POR UNA BUENA VIDA en la que te amen, te acojan, te cuiden , no una maternidad impuesta.