20080620

Siomara Molina Sáez (34) antropóloga:

“MI ABORTO ES EL GRAN TEMA IRRESUELTO QUE TENGO CON MI MADRE”



La primera vez que quedé embarazada tenía 16 años y estaba pololeando con un compañero que también tenía mi edad. Por eso, cuando su mamá se enteró me dijo que abortara. Me encontraba muy chica y decía que tenía que hacérmelo aunque yo no quisiera. Ella había sido mamá muy joven y no quería que pasáramos por lo mismo. Ahora que lo pienso, si hubiera sido más estratégica y menos violenta, habría aceptado. Pero estaba tan desesperada que me asusté. Yo no tenía en mis planes abortar porque con 16 años no tenía nada en mis planes. Todo el mundo me decía “no sabes en lo que te metes” y yo “no, sí sé”. Pero fue triste embarazarme a esa edad. En el colegio, hubo profes que me hicieron la guerra. Decían que yo era una mala influencia para las otras compañeras. Más encima, mi papá recién había muerto y nos quedamos sin ni uno. Nunca más tuvimos nana porque ahora había que pagar la sala cuna. Tuve que convencer a la directora de mi colegio para que aceptara a mi hija en la sala cuna. Cada recreo yo corría a darle pecho y después llegábamos a la casa las dos y como no había nana, las camas estaban desarmadas y tenía que ponerme a limpiar mientras mi hija lloraba. En esa época los pañales desechables costaban 10 lucas, entonces, yo me pasaba lavando pañales y siempre creía que habían más pañales sucios.
A veces creo que quedé embarazada a esa edad porque estaba perdida. Había crecido en plena dictadura, en una ciudad súper represora como Temuco que es fascista, clasista, sexista, racista, tiene todos los “istas” que uno se pueda imaginar. Y yo no quería estar ahí: no me gustaba la ciudad, el colegio, entonces, hice cortocircuito y la cagué. No era difícil: en mi casa nunca me hablaron de sexo. Yo creo que el condón mi mamá recién lo aprendió a usar conmigo. Cuando entré a la universidad me empecé a cuidar al lote. Tomaba pastillas, pero se me olvidaban. Estaba saliendo con un amigo y teníamos una relación bien light: íbamos a bailar y teníamos sexo. Entonces, volví a embarazarme y quedé loca. Pensé “con dos guaguas estoy cagada”. No iba a poder terminar mi carrera y las posibilidades de mi hija se iban a reducir a la mitad.



Les conté a unos amigos y nos pusimos a juntar la plata y a buscar datos. Pasé dos semanas bien tortuosas. Porque claro, tomas la decisión, pero ¿dónde abortas? Tenía miedo que me diera una infección brutal, que me doliera mucho, que me pudiera morir. No tenía en mente el rollo de la culpa, o esto de que la gente me apuntara después con el dedo. Por eso, le conté a mi mamá y al final ella se consiguió el dato y el resto de la plata. Me hice un aborto en la consulta de un médico a las 3 de la tarde por 300 lucas. Llegué acompañada de la hermana menor de mi mamá. Ella es bien católica, pero igual apechugó. Supongo que habrá sido porque soy su sobrina. Ahí uno se da cuenta que es distinto cuando las cosas te tocan de cerca. Debe ser lo mismo para un médico que su hija le pregunte si le haría un aborto, a que cualquier mujer se lo pregunte. Entré sola mientras mi tía esperaba afuera. Me hicieron una aspiración sin anestesia. Empecé a gritar porque el dolor era terrible, entonces, el doctor me dijo: “si sigues gritando tienes que irte” y tuve que aguantar todo el procedimiento con la boca cerrada.
Al salir me despedí de mi tía y me fui con un amigo a la U. Caminamos, caminamos y el resto del día transcurrió súper normal. De pronto me di cuenta que no había pasado nada tan terrible. Que la presión de estar buscando datos a escondidas, de que te vas a meter en las manos de no sé quíen, no era nada comparado con el alivio que sentía ahora. Pero no pude contarle esto a mi mamá porque al llegar a la casa ella sólo dijo “tómate los remedios que te dieron”. Después de eso mi aborto fue un tema que desapareció entre nosotras. Fue como si nunca hubiera sucedido. De hecho, creo que ese es el gran tema irresuelto que tengo con mi madre. Yo creo que para ella era muy difícil aceptar que éramos distintas y que desde su lógica yo me había equivocado. A pesar que ella viene de una generación donde el aborto era visto de forma más natural porque las abuelas abortaban como si fuera un método anticonceptivo. Pero a mi mamá se le vino la censura encima y se le metió en el espíritu. Yo, en cambio, no tengo miedo a contar que aborté porque hay muchas mujeres que necesitan escucharlo, necesitan saber que no están solas. Si casi todas mis amigas han abortado, pero aquí no se habla del tema porque vivimos en un país cartucho y cínico donde todos se sienten con derecho a opinar sobre el cuerpo de las mujeres. Quedó demostrado con la píldora del día después. Por eso, yo creo que si todas las mujeres que hemos abortado lo dijéramos, los políticos y la Iglesia no podrían seguir con una venda, negándolo. La culpa, finalmente, viene de afuera. Ahora tengo dos hijos y los amo profundamente, pero creo que uno tiene derecho a decidir cuándo quiere ser mamá. Creo que ahora, por ejemplo, yo no tendría otro hijo porque tendría que estar toda la vida criando y quiero disfrutar de mí, de mi vida en pareja. Quiero irme de vacaciones sola, levantarme tarde y poder ir a tomar un café sin tener que armar la media parafernalia porque cuando tenís niños tenís que producir hasta el más mínimo detalle. Se pierde la espontaneidad. Sobre todo cuando no eres una persona de plata. Entonces, es peor, porque pasas el tiempo pensando cómo vas a pagar el colegio de los niños, vives endeudada y tu maternidad se vuelve una tortura y se te olvida que también tienes que disfrutarla.

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